
Ante la belleza silenciosa de las obras de Ruth Gurvich, la mirada puede contemplarlas como un horizonte que se recorre, como una lectura y también como un paseo por un espacio que divisamos conocido. Sus instalaciones funcionan como pequeñas escenografías. Allí, las piezas aparecen y desaparecen. Por momentos son un contorno definido, un objeto separado que creemos reconocer y por momentos se hacen difusos y son un vocablo más en esa construcción mayor que es la instalación. ¿Qué estamos viendo? Una pintura, una naturaleza muerta, una vitrina, una colección de jarrones, un decorado. Pero mucho más. Estamos ante una idea de paisaje. Para Gurvich la noción de paisaje no depende solamente de la representación de un lugar, sino que se trata de construir relaciones espaciales entre elementos y de conducir la mirada. Hace visible esta idea con objetos y también con el color y la luz, como en Sunset. Pero además, elije traernos una visión meditativa, en la que las piezas, por su familiaridad cotidiana, apaciguan la mirada, como apreciamos de forma manifiesta en la serie Morandi.

Florida 971, C1005AAS C1005AAS, Cdad. Autónoma de Buenos Aires
Retiro, Buenos Aires