
Detrás del ojo Todo cambia y es ese cambio lo único constante. Frente a esto, el arte expresa y representa, como quien intenta detener un río. Lo hacemos quienes escribimos, pintamos, tomamos fotografías, esculpimos. Algunos fracasamos más en ese intento, otros menos. Las obras de Candelaria Palacios triunfan, no porque detengan el tiempo, sino porque el tiempo sigue corriendo en ellas como corre la sangre en lo que está vivo. Por eso frente a estas piezas uno ve algo primero y luego otra cosa y luego otra, la sombra de Candelaria, los hilos de su universo, cosas que ella siente o piensa o ha olvidado incluso, y finalmente, en el fondo, casi sin darse cuenta, uno se ve a uno mismo. Ella ha enlazado con la crin de un caballo o con la tinta paciente de cientos de tardes silenciosas algo que estaba en la memoria o en el viento, algo terrible, algo bello, algo no dicho. Alejandra Kamiya

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